Hoy hemos aprendido una cosa más… empieza el cole

Hoy ha sido un día diferente. Un día lleno de gente nueva, de colores, de posibles amigos, de correr de un lado a otro, de mochila a estrenar… un día que marca una nueva etapa.

Ayer por la noche, mientras ponía pegatinas de animales en su libreta y la forraba como hacía con mis libros de pequeña, me prometí que no me iba a poner sentimental. Me prometí que no escribiría este post. Pero no lo he podido evitar.

Cuando M. nació dije que no la llevaría la colegio hasta que fuese obligatorio. Pensaba quedarme con ella y descubrir el mundo juntas. Creía que era lo mejor para ella. Pero las señales que me daba iban hacia otro lugar.

En todo este tiempo si algo nos ha demostrado es que nos quiere, le encanta aprender con nosotros, pero el ritmo lo decide ella. Lo hizo cuando quiso dormir sola, cuando decidió que no quería papillas, cuando dejó claro que ya no necesitaba la mano para caminar o cuando empezó a elegir la galleta y pasar de la que tú le dabas. Yo que quería hacer colecho eterno, darle papillas hasta los 20 años por si se atragantaba, acompañarla hasta la universidad de la mano y darle de comer siempre lo que estuviese supervisado por mi ojo. No hablo de una niña rebelde, hablo de una niña que nos ha enseñado que le gusta estar con nosotros, pero que ella es dueña de sus pasos. De esta misma manera decidió que quería estar algunas horas con niños, en otro espacio que no fuera nuestra casa y el jardín. Así decidimos que tres horas al día le sentaban bien.

El periodo de adaptación está siendo fácil. No llora, no se gira para vernos desaparecer y cuando la voy a buscar me cuesta llevármela muchas veces.

La veo corretear por su clase y veo lo feliz que está con otros niños, con juguetes que no conocía, con las educadoras y con ese tobogán de madera que le ha encantado. Entonces se me encoge el corazón y pienso en ese fragmento de Gibran Khalil Gibran:

“Vuestros hijos no son hijos vuestros.
Son los hijos y las hijas de la Vida, deseosa de sí misma.
Vienen a través vuestro, pero no vienen de vosotros.
Y, aunque están con vosotros, no os pertenecen.

Podéis darles vuestro amor, pero no vuestros pensamientos.
Porque ellos tienen sus propios pensamientos.
Podéis albergar sus cuerpos, pero no sus almas.
Porque sus almas habitan en la casa del mañana que vosotros no podéis visitar, ni siquiera en sueños.
Podéis esforzaros en ser como ellos,
pero no busquéis el hacerlos como vosotros.

Porque la vida no retrocede ni se entretiene con el ayer.
Vosotros sois el arco desde el que vuestros hijos, como flechas vivientes,
son impulsados hacia delante…”

Y, sí, reconozco que cuando he visto a todos esos niños esperando entrar en clase, algunos con cara de felicidad y otros menos contentos, se me han saltado algunas lagrimillas…como el día que le oí el corazón por primera vez. Hoy hemos andado otro paso importante. Hoy me ha enseñado algo más.

Siento esta nota noña…prometo que mañana vuelvo a ser la de siempre 🙂

Este es nuestro caso ¿Cómo fue el vuestro?

¿Cómo os sentís los que acabáis de empezar?

Cuéntame, ¡me encanta leer vuestras historias! Hay un montón de familias que agradecen vuestras palabras 😉

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Y así estoy hoy…y eso que pensé que la que lloraría sería ella 🙂

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