¿Va seguro mi hijo a contramarcha?-Fisioterapeuta pediátrica

A contramarcha es más seguro porque…

Los niños necesitan un sistema de retención infantil (SRI) adecuado a sus características porque los niños no son adultos en miniatura. Las diferencias fisiológicas que hacen que nos planteemos unos dispositivos de retención diseñados específicamente para ellos son:

  • La proporción de la cabeza. Hasta los 3 años, la cabeza de un niño representa entre el 20 y el 25% de su peso corporal total, mientras que en el adulto, sólo es el 6%.

  • El sistema esquelético está en desarrollo. Los huesos de los bebés y niños pequeños tienen un gran componente cartilaginosos al estar formándose.

En el caso concreto de las vértebras cervicales, están además compuestas por tres porciones de hueso unidas entre ellas por cartílago que, hasta los tres-seis años no se convierte en anillo vertebral completo de hueso, aunque el proceso no se completa hasta la pubertad. Esto hace que la protección de la médula espinal y la vascularización que pasa por dentro del canal medular sea poco eficaz en casos de fuertes tracciones.

  • Control motor inmaduro. Durante los primeros años de vida aprendemos a dominar y controlar nuestro cuerpo frente a acciones voluntarias o también en situaciones inesperadas en las que necesitamos que nuestro cuerpo reaccione de manera rápida y autónoma, pero por las leyes del desarrollo este proceso es largo, haciendo que el cuerpo de un niño reaccione con más lentitud y con poca precisión.
  • El cerebro. Este está “suspendido” dentro del cráneo y rodeado de las meninges que también están en plenas vías de desarrollo, protegiéndolo de manera más ineficaz que el de un adulto.
  • Las vías aéreas son proporcionalmente más pequeñas y blandas. Haciendo que sea más fácil que se colapsen.

Y ahora os preguntaréis, ¿y qué relación tiene todo esto con los Sistemas de Retención Infantil?

Las estadísticas nos dicen que los accidentes más frecuentes son los FRONTALES y, cuando analizamos cuáles son las zonas más vulnerables en este tipo de accidentes encontramos que tienen una relación directa con las características que comentábamos anteriormente. Las zonas más vulnerables en un impacto son:

  • Cabeza: cerebro y cervicales.
  • Abdomen.
  • Extremidades (en menor medida y gravedad).

Cuando viajamos a favor de la marcha y tenemos un impacto frontal, el cuerpo por inercia seguiría avanzando pero tiene el arnés o cinturón que lo retiene, pero no así la cabeza que sale proyectada hacia delante. Si además le añadimos que es un bebé, que su cabeza pesa el 25% del total de su peso y que está sujeta por un sistema musculoesquelético inmaduro que no puede contrarrestar esta gran fuerza a la que es sometido, sabemos que las consecuencias que tendremos son:

  • El cerebro impactará en el interior del cráneo por la parte anterior y posterior siguiendo los movimientos de la cabeza en el momento del impacto.
  • Las cervicales son arrastradas por la cabeza y con ellas también la médula espinal y todo el paquete vascular que contienen, pudiéndose alargar hasta los 5 cm con dos posibles consecuencias: una luxación atlantooccipital (de las dos primeras vértebras) y/o una sección medular (que se da ya a partir de los 2 cm de elongación cervical), dando lugar a lesiones neurológicas severas.

La fuerza de tracción a la que se puede someter unas cervicales en un niño hasta los 4 años es de 130 kg como máximo. Se ha analizado que viajando a favor de la marcha, esta tracción es de 250 kg, mientras que a contramarcha está entre 30 y 60 kg.

Respecto al abdomen: los órganos vitales están protegidos por las costillas, unos huesos aún inmaduros (blandos) que no pueden absorber el impacto y lo que hacen es ceder a la presión del cinturón y pasar la presión directamente a los órganos internos.

Las extremidades pueden resultar afectadas por el impacto contra elementos del coche.

Y el resumen de todo esto es que si tenemos un impacto frontal viajando a favor de la marcha, aunque sea a poca velocidad, tenemos muchas posibilidades de sufrir consecuencias graves porque el cuerpo de un niño pequeño no está preparado.

¿Cómo se puede reducir la gravedad de las lesiones en un impacto frontal?

Las leyes de la física nos dicen que si ponemos la silla a contramarcha las fuerzas ejercidas por un impacto frontal son absorbidas por el respaldo del dispositivo de retención y se reparten de manera homogénea por toda la cabeza, cuello y torso disminuyendo así la posibilidad de sufrir lesiones graves, ya que todo el cuerpo queda recogido por la silla.

Además, el bebé o niño pequeño sufre menos modificaciones posturales (la cabeza no sufre el latigazo cervical) y se reduce la presión del abdomen durante el impacto, reduciendo así también las posibilidades de padecer lesiones.

Como podéis ver en este artículo la importancia de viajar a contramarcha debería extenderse hasta, mínimo, los 4 años.

Las sillas a contramarcha se diseñaron para evitar o reducir lesiones, además de sujetarlos.

Laia Maseras

Col. 7098

Fisioterapeuta Pediátrica

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