Mamá, ¡no puedes con todo!

Hace unos días una mamá me dijo:

¡Ay! ¡Maternidad! tan maravillosa como angustiosa’

Si me hubieses preguntado hace tres años cuál era mi pensamiento sobre la maternidad, te hubiese contestado sólo la mitad de lo que he aprendido con M.

Para mí ser madre era disfrutar de sentir algo moverse dentro de ti, ver cómo crece, cómo piensa, qué le gusta, volver a encontrarte con el mundo desde otro punto de vista, trabajar en equipo con tu pareja tomando decisiones comunes y muchas cosas más.

Esto no ha cambiado para nada, de hecho, es mejor de lo que me esperaba. Pero, como todo, es verdad que la maternidad también tiene sus sombras.

Nada más salir del hospital, llegué a casa, metí la llave en la cerradura y empecé a llorar completamente desconsolada. Le pedía a mi pareja que no fuese a trabajar, que se quedara con nosotras 2 semanas, hasta que fuese capaz de ver SI PODÍA CON TODO.

¿Con todo? ¿Qué significa poder con todo? 

¿De dónde salía aquella expresión y aquella sensación? Todavía no lo sé, porque todavía tengo que repetirme una y otra vez ‘¡Déjalo ya! Es imposible que hagas la comida, pongas una lavadora, limpies la casa, juegues con la niña y trabajes 8 horas. Es IM-PO-SI-BLE’

Ya han pasado casi 2 años desde ese momento y a día de hoy sigo sintiéndome culpable muchas noches porque tengo la sensación de que no he llegado.

¿Pero dónde tengo que llegar? ¿Quién está esperando detrás de la puerta para pasar revista y decirme si lo que he hecho es suficiento o está bien o mal? 

¡Basta ya! Hay que dejar de torturarse.

No somos súpermujeres. No somos luchadoras. No somos ni la mujer del futuro ni tenemos que ser como nuestras madres o abuelas. No somos unas histéricas.  No tenemos porqué escucharlo todo, ser comprensivas ni salvar el mundo.. No hay que tener ‘energía para parar un tren’. No somos mejores madres por hacer las camas todos los días, la tortilla más esponjosa, planchar todas las camisas de la casa, dejar las toallas más suaves que mimosín y que encima huelan bien. No queremos que nuestros hijos corran a sus amigos y digan: ‘mi madre lo sabe todo y lo hace todo súper bien’. No queremos ser todo eso porque no podremos con nosotras mismas. No podremos con nuestro estrés, con nuestras ganas de parar, con la necesidad de gritar, con las ganas de decir ¡esto no me gusta! ¡Quiero parar!

Queremos enseñarle a nuestros hijos otra parte. Esa parte donde las camisas están arrugadas, pero sonrío. Donde las estanterías no están perfectamente ordenadas pero hemos aprendido 2 nuevas canciones. Donde no comemos los guisos más elaborados del mundo pero disfrutamos comiendo juntos.

Así les enseñaremos a elegir lo que les gusta, sin exigencias, sin que escuchen nunca el. ‘Hija mío, hagas lo que hagas tienes que ser el mejor’ . A perseguir sus sueños sin tener que levantar el hacha de la lucha. A que te vean llorar o te vean cansada y entiendan que mamá a veces puede y a veces no. Nuestros hijos aprenden de lo que ven, no sólo de lo que les decimos. 

Y no pasa nada, porque mamá también es una persona. Ellos no quieren estar orgullosos de ti, ellos quieren estar contigo. Sin nervios ni tensiones. 

Y algo así es lo que nos dice Mother, un corto precioso de StephanieC.

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1 comentario

  1. Creo que quien está detrás de la puerta para juzgarnos… somos nosotras mismas. Y tienes toda la razón, debemos aprender a ser más humanas y menos “súper”. Y recordarlo a diario 🙂 ¡Un abrazo!

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